El vertiginoso cambio social, político y económico que afecta de manera global, exige necesariamente un cambio urgente en el sistema educativo, el país que no lo entienda de esta manera está irremediablemente condenado a quedar en el rezago.
En el caso particular de México, se anuncia un inminente cambio en el sistema educativo, el gobierno a través de la Secretaría de Educación Pública se pronuncia por iniciar por evaluar al magisterio tras los resultados poco alentadores de la prueba ENLACE aplicada a los alumnos de 3o. a 6o. grado de educación primaria, en una clara intención de adjudicar la total responsabilidad de los bajos resultados al desempeño académico laboral de los maestros.
Es ineludible admitir que el maestro, como parte operativa de un sistema, tenga un alto grado de dicha responsabilidad en la aplicación de un plan de estudios, su filosofía y legislación que le dan sustento, así como sus respectivos programas con los propósitos y contenidos que incluyen. Sin embargo, el verdadadero origen del problema radica en un sistema educativo arcaico, desfasado, apático y corrupto que produce generaciones de jóvenes frustrados ante la imposibilidad de ver coronados sus esfuerzos de 15 o más años de estudio con oportunidades de trabajo afínes al ramo de estudios que seleccionaron, propiciado por la ausencia de una planeación gubernamental eficiente que provoca, entre otras consecuencias, la saturación de profesionales en algunas ramas y la carencia de ellos en otras, la fuga de cerebros y el incremento del fenómeno migratorio.
La solución no es una evaluación que se saquen de la manga para exhibir ineptitud de los maestros. Se debe empezar por reestructurar el sisema de formación de docentes, la capacitación y actualización continua de los que se encuentran en servicio, pero principalmente, evitar las prácticas corruptas de los líderes sindicales y funcionarios carentes de escrúpulos que incluyen en las nóminas a familiares, amigos o a quien se posicione como mejor postor en la venta de plazas sin importar si cumple con el perfil o tiene la capacidad de ejercer como profesional de la docencia.
Al respecto, el otorgamiento de plazas debiera ser por concursos de oposición y otorgarse a quien realmente pruebe y compruebe una serie de requerimientos mínimos indispensables para constituirse en un trabajador que actue de manera profesional, con auténtica vocación de servicio y forme parte del engranaje de un sistema educativo solvente y capaz de afrontar los retos que significan formar parte de una importante pieza del rompecabezas global que se modifica permanentemente.
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